Plaguicidas

Foto: elisahortaliza.com
- La utilización de plaguicidas en la agricultura ha sido clave en el control de plagas y el incremento de la productividad. Sin embargo, su aplicación sin regulación ni responsables prácticas de manejo, puede ocasionar impactos en la salud humana y los ecosistemas. El presente reportaje analiza los riesgos de su exposición, los vacíos en las normativas y la importancia de fortalecer la gestión agroambiental.
Los plaguicidas, utilizados ampliamente en la agricultura, dejan una huella tóxica más allá de los cultivos. En Colombia, y gran parte de América Latina, la exposición a ellos se ha convertido en una amenaza latente para la salud humana y para el equilibrio ambiental.
A pesar de los estudios y las advertencias de entidades como Agrosavia, su empleo continúa creciendo, impulsado por los intereses comerciales, la falta de regulación efectiva y un alarmante desconocimiento sobre sus verdaderos efectos.
Aunque los trabajadores del campo son quienes hacen frente al contacto más directo con los plaguicidas, nadie es exento. Residuos de esas sustancias se encuentran en verduras, frutas, aguas superficiales y hasta en el aire.
Según Agrosavia, todos son tóxicos, y su impacto depende de la dosis y del tiempo de exposición. Cuando no se usan elementos de protección como guantes, lentes o mascarillas, el riesgo se multiplica.
El problema no termina aquí, puesto que los consumidores también se exponen de manera indirecta al consumir alimentos contaminados o respirar aire y tomar agua que han sido afectados por su aspersión. Esta exposición puede producir enfermedades agudas, con síntomas inmediatos, cuyo desarrollo es más lento pero igualmente peligroso.
Microbioma del suelo:
En el afán por proteger los cultivos de las plagas y aumentar su productividad, se destruye un aliado de la agricultura: el microbioma del suelo.
Esta comunidad de microorganismos, indispensable para la fertilidad y la salud de los terrenos agrícolas, es muy sensible a los químicos que contienen los plaguicidas. La alteración en este delicado ecosistema se puede traducir en una significativa caída de la productividad y la necesidad de más insumos, en un ciclo sin fin.
Además, los plaguicidas afectan organismos no objetivo, como los polinizadores. El 75% de los cultivos dependen de ellos, por lo que su disminución impacta la seguridad alimentaria. La paradoja es clara, pues lo que supuestamente ayuda a la agricultura, puede estar comprometiendo su futuro.
Agua contaminada:
Otro impacto muy alarmante es el que sucede en los cuerpos de agua. Cuando los plaguicidas se filtran por lixiviación o escorrentía, llegan a ríos y lagunas, ocasionando la muerte masiva de peces y alterando los ecosistemas enteros.
Estas sustancias afectan organismos fundamentales como el fitoplancton y las algas, interrumpiendo procesos como las cadenas tróficas y la fotosíntesis.
Con el tiempo, la acumulación de esos químicos promueve la multiplicación de algas tóxicas y el fenómeno de eutrofización. Con este proceso se reduce drásticamente el nivel de oxígeno en el agua, ocasionando la muerte de especies acuáticas, afectando la biodiversidad de forma crítica.
Para Agrosavia, una de las causas principales de esta problemática es la influencia de los intereses comerciales en la promoción de los plaguicidas. A esto se le agrega la falta de regulaciones que limiten su aplicación y la poca información sobre sus efectos a largo plazo.
Fuente: Adaptado de CONtexto ganadero: Autora: Melanny Orozco.
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