Ante los recientes reportes sobre el fenómeno de El Niño en Colombia, la Asociación Colombiana de Semillas y Biotecnología (Acosemillas) y el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), han emitido un llamado de urgencia a los productores de cultivos como arroz, maíz, papa, soya, verduras, frutales y pastos por la reducción de lluvias y altas temperaturas. Invitan a los agricultores a mitigar riesgos mediante la conservación de suelos, la planificación técnica y el uso estricto de insumos legales.
La primera recomendación de las autoridades se soporta en la importancia de utilizar semillas certificadas.
Paula Andrea Cepeda, gerente de ICA y Leonardo Ariza Ramírez, gerente de Acosemillas, enfatizaron que utilizar solamente semillas autorizadas con registros oficiales garantiza la inversión y conserva la seguridad alimentaria,
Estos materiales tienen procesos de investigación que comprueban su alta pureza, disminución en el impacto de la escasez de agua y excelentes tasas de germinación durante el establecimiento de los cultivos, evitando improvisaciones frente a la severidad del clima.
Así mismo, el ICA aconseja a los productores establecer prácticas agroecológicas como los policultivos para el control de plagas, ajustar las densidades de cultivo para reducir la evaporación y mantener las coberturas vegetales, muertas o vivas, para retardar la pérdida de humedad en los suelos.
Además, se resalta la importancia de asegurar una adecuada nutrición vegetal complementada con estimulantes que les ayuden a las plantas a resistir la escasez de agua.
Al mismo tiempo insta a los agrónomos y comités regionales a monitoreas activamente las mesas agroclimáticas.
Finalmente, ambos organismos concluyen que la adopción de semillas con respaldo legal y el manejo técnico de los suelos constituyen una estrategia no solamente inmediata frente a las sequías, sino de largo plazo para conservar la competitividad agrícola y la economía rural.
Fuente:
Adaptado de Agronegocios de La República. Autora: Natalia Albor Rojas.
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Expertos hacen recomendaciones a los ganaderos para anticiparse con suplementación, sistemas de conservación de forrajes y eficiente manejo de pasturas. El ensilaje, la fertilización estratégica y la arborización aparecen como herramientas fundamentales.
La llegada del fenómeno de El Niño vuelve a tener en alerta al sector ganadero de Colombia. Altas temperaturas, reducción de lluvias y deterioro de pasturas amenazan la alimentación de los animales y la producción de leche y carne.
Con este panorama, la clave se encuentra en la preparación anticipada y el aprovechamiento de los meses de lluvias para conservar alimento.
El médico veterinario zootecnista, coordinador nacional del proyecto de mejoramiento genético del Fondo Nacional del Ganado (FNG), Diego Sánchez, explicó que hay mecanismos accesibles y sencillos para que los ganaderos enfrenten los periodos de sequías sin poner en riesgo la sostenibilidad de las fincas.
Afirmó el experto que el tiempo de lluvias que tenemos todavía es preciso para empezar a tomar medidas de conservación. Insistió en que el almacenamiento de forrajes puede marcar la diferencia entre mantener bien el hato o tener importantes pérdidas durante el verano.
Reservas de alimentos:
Una de las principales recomendaciones es el ensilaje. Es una técnica basada en almacenar forrajes bajo condiciones anaeróbicas para conservar las propiedades nutricionales.
De acuerdo con Sánchez, el procedimiento se puede realizar con maíz, sorgo o pastos de corte y no requiere de grandes inversiones en maquinaria.
Explicó el especialista que, una vez el cultivo alcanza su punto de maduración óptimo, el material se corta y se almacena eliminándole la mayor cantidad posible de aire. Esto se puede hacer en canecas, bolsas plásticas o estructuras tipo bunker. Señaló Sánchez que luego de 30 días ya estará listo para el consumo.
Otra alternativa es la deshidratación de forrajes, conocida como la henificación. Consiste este método en reducirle al pasto hasta el 90% de la humedad para almacenarlo en forma de fardos y evitar la aparición de hongos.
Destacó que muchos productores consideran que estas prácticas son costosas o complejas, cuando en realidad se pueden implementar con herramientas básicas. Indicó que no hay que tener maquinaria especializada, pues basta con un machete o una máquina para picar pasto.
Además, recomienda aprovechar cultivos como el maíz o el sorgo, por sus aportes energéticos gracias al contenido de grano. También sugiere fertilizar los pastos de corte estratégicamente para acelerar su crecimiento e incrementar la producción de biomasa.
Suplementación y árboles:
Más allá del almacenamiento de forrajes, Sánchez advierte que la suplementación será muy importante para hacer frente a la escasez de alimento. En ese sentido, recomienda aprovechar subproductos agrícolas disponibles en cada zona, como harina de arroz, palmiste y concentrados fibrosos.
Aseguró que con 1 o 2 kilos por animal día, la idea es poder superar esta dura época que se avecina.
Explicó el especialista que las sales proteinadas también tienen un papel fundamental, puesto que mejoran la eficiencia digestiva del ganado, optimizando el aprovechamiento de los nutrientes disponibles.
Comentó que lo que se hace es optimizar para que el animal, con pequeñas cantidades, sea capaz de tener lo básico para el mantenimiento de sus funciones.
Otra de las recomendaciones que gana relevancia frente a eventos climáticos extremos es la arborización de los predios. Árboles como matarratón, leucaena, totumo y guásimo ofrecen sombra y alimento en épocas críticas por sus raíces profundas y su capacidad de producir follajes aún en condiciones de sequía.
Agregó el experto que, en muchas regiones, los frutos también se pueden utilizar como suplemento nutricional, reduciendo la presión sobre las pasturas.
Menos animales, más eficiencia:
La fertilización estratégica también aparece como una herramienta esencial para prepararse antes de la disminución de las lluvias. Sánchez recomienda aplicar fertilizantes ricos en nitrógeno, potasio y fósforo mientras haya humedad en los suelos, especialmente en aquellas regiones donde aún hay buena pluviosidad.
También destacó la utilización de abonos orgánicos y microorganismos benéficos para aumentar la producción de forraje y mejorar la disponibilidad de nutrientes.
Sin embargo, insistió en que la preparación no solamente depende de producir más alimento, sino de administrar bien la carga animal. En este punto, recomienda hacer descartes de animales de avanzada edad o poco productivos para reducir la presión sobre las pasturas.
Explicó que hay que descargar la finca para que haya menos animales y menor demanda de forraje.
En los sistemas de ceba, aconseja acelerar la salida de lotes al mercado mediante la suplementación para liberar espacio y reducir costos de alimentación durante la sequía.
Concluyó Sánchez que la anticipación será la principal herramienta para hacer frente a El Niño y minimizar las pérdidas.
Fuente: Adaptado de CONtexto ganadeo. Autora: Angie Barbosa.
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Ante la llegada del Fenómeno de El Niño, caracterizado por el calentamiento de las aguas del océano Pacífico, alterando el clima en el mundo, la preocupación por las posibles sequías prolongadas y el déficit de agua ha puesto sobre la mesa la conversación sobre soluciones tecnológicas innovadoras.
Este evento climático suele disminuir drásticamente las lluvias en diferentes regiones, afectando gravemente la agricultura, la generación de energía y el suministro de agua potable.
En este escenario, la siembra de nubes aparece como alternativa estratégica que buscan los gobiernos para enfrentar los efectos de la escasez del agua y asegurar la resiliencia de los ecosistemas y las economías frente a las posibles anomalías climáticas que se avecinan.
La técnica de siembra de nubes consiste en intervenir el proceso de formación de precipitaciones mediante la dispersión de algunas sustancias químicas, generalmente el yoduro de plata, en las formaciones nubosas. El objetivo es que las partículas de yodo actúen como núcleos de condensación, facilitando que se agrupen las gotas de agua, ganen peso y caigan en forma de lluvia o nieve.
El procedimiento se realiza por medio de aviones, cohetes y drones. Estos inyectan las sustancias en nubes que están entre 2.000 y 4.000 metros de altura, logrando resultados en tiempos de 15 a 30 minutos. No obstante, no reemplaza los ciclos naturales, lo que hace es acelerarlos o potenciarlos en tiempos donde la demanda de agua es grave.
Actualmente, más de 50 países aplican esta tecnología para combatir las sequías. China lidera la lista al tener el programa más grande del mundo, utilizándolo inclusive para reducir la contaminación o mejorar el clima durante eventos importantes. Por su parte, Emiratos Árabes Unidos realizan múltiples vuelos anuales en una de las zonas más áridas del planeta, empleando drones con descargas eléctricas para fusionar las gotas sin químicos. Otros países como India y Arabia Saudita han lanzado programas para desacelerar la desertificación y compensar monzones débiles. Por su parte, en Tailandia se mantiene uno de los más antiguos programas del mundo, vigente desde 1955.
A pesar de sus múltiples beneficios, la lluvia artificial no está libre de debates. Expertos consideran que, pese a que contribuyen a reducir el granizo o controlar incendios forestales, existen dudas ambientales y éticas sobre lo que conlleva modificar el clima intencionalmente. Existe la preocupación que al aumentar las precipitaciones en una zona, se pueda privar de humedad en territorios vecinos, ocasionando posibles tensiones geopolíticas.
Por ello, la comunidad científica sigue estudiando los efectos de esta tecnología a largo plazo, que se posiciona como una de las respuestas más arraigadas frente al cambio climático y los desafíos del fenómeno de El Niño.
Fuente: Adaptado de Agronegocios de La República. Autora: Natalia Albor Rojas.
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El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales -Ideam- aumento la probabilidad del fenómeno de El Niño del 2026. Expertos advierten efectos sobre el agua, la estabilidad de los sistemas productivos y la producción agropecuaria, especialmente en las regiones vulnerables.
El panorama climático para el fin del año en Colombia ha dado un preocupante giro. El Ideam ha confirmado que hay altas probabilidades de que se establezca plenamente el fenómeno de El Niño durante el segundo semestre del 2026. De acuerdo con los modelos probabilísticos, este fenómeno climático alcanzará su mayor intensidad entre los meses de agosto y octubre.
El experto de las Mesas Técnicas Agroclimáticas, Jorge Rizzo, señaló que: hacia este segundo semestre podría estar consolidándose el fenómeno del niño. Sin embargo, todo esto obedece a modelos probabilísticos y a eventos que se presentan en el océano.
Impactos históricos:
La preocupación obedece a que este evento podría igualar en intensidad crisis pasadas que dejaron profundas huellas en la economía rural. Rizzo recordó los estragos a finales de los noventa y la sequía del 2015, donde fueron notables las pérdidas en el Producto Interno Bruto.
El analista aseguró que se habla que este evento de El Niño del 2026 se espera que sea similar a los eventos del Niño que hemos tenido con mayor incidencia en Colombia. Agregó que esta hablando del periodo 1997-98 y también el 2015, que son los eventos donde se han tenido mayores consecuencias. Las regiones Caribe y Andina son las zonas con más vulnerabilidad histórica ante estos fenómenos.
Riesgos hídricos:
Se espera que el agua, recurso vital para la sostenibilidad de las explotaciones agrícolas o ganaderas, tendrá una presión sin precedentes.
La combinación de menos precipitaciones y el aumento de las temperaturas aumentará la evaporación de las fuentes superficiales. Sobre este aspecto, Rizzo afirmó que vamos a tener reducción de los caudales tanto de los ríos o quebradas como de los embalses que tengamos. Segú explicó, algunas fuentes hídricas van a secarse totalmente, incidiendo negativamente en las producciones que se puedan tener.
De acuerdo con Rizzo, esta situación no solamente afectará el consumo directo, sino que también podría ocasionar un déficit hídrico prolongado que limite, inclusive, la navegabilidad fluvial en algunas regiones.
Plan de choque:
Ante la inminencia del fenómeno, la recomendación es no esperar a que sea total la sequía para tomar medidas. La clave es la prevención y la recolección de recursos mientras lo permitan las condiciones.
El analista pecuario manifestó que es importante iniciar desde ahora con la cosecha de lluvia, la adecuación de las represas, los estancos, etc, para tener suficiente almacenamiento de agua y poder suministrar a los animales.
Asimismo, invitó a los productores al almacenamiento de forraje mediante prácticas como el ensilaje, asegurando la comida necesaria para que los animales no pierdan su condición corporal durante los meses de escasez.
Fuente: Adaptado de CONtexto ganadero. Autora: Angie Barbosa.
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El calentamiento del océano Pacífico prende las alarmas en las autoridades ambientales, que ya activan el monitoreo y las estrategias preventivas ante un posible fenómeno durante el segundo semestre del 2026. De confirmarse, podría reducir las lluvias y tener significativos impactos en los recursos hídricos y el agro del país.
Colombia podría tener que enfrentar nuevamente el fenómeno de El Niño durante la segunda mitad del 2026. El Ideam (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) advirtió que el comportamiento del océano Pacífico muestra señales tempranas que obligan el fortalecimiento del monitoreo y activar medidas preventivas en todo el país.
La advertencia fue dada en coordinación con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, luego de que entidades internacionales de predicción climática identificaran variaciones en el sistema océano-atmósfera que se dirigen hacia una posible transición a condiciones de este fenómeno. (Lea en CONtexto ganadero: Ganaderos no saben qué hacer ante el cambio del clima constante)
Señales en el Pacífico:
De acuerdo con las actuales proyecciones, existe alta probabilidad de que el fenómeno se consolide entre junio y agosto del 2026, con efectos que se podrían extender hasta finales del año. Este escenario ha hecho que las autoridades inicien procesos de preparación institucional y regional.
Irene Vélez Torres, ministra de Ambiente, explicó que aunque aún no se ha declarado El Niño oficialmente, el aumento de la temperatura del océano Pacífico constituye una alerta clara. Según indicó, anticipar la información permite la reducción de riesgos y preparar las comunidades frente a posibles efectos climáticos.
Análisis del Ideam muestran que el Pacífico ecuatorial ha presentado un calentamiento progresivo durante los últimos meses. En particular, los modelos climáticos deducen que las anomalías de la región Niño-3.4 podrían acercarse a +1 °C hacia finales del 2026, lo que indicaría el potencial desarrollo del fenómeno.
Impacto en las lluvias:
Uno de los efectos más impactantes de este posible evento sería la disminución de las precipitaciones. Entre abril y agosto se estima una disminución de las lluvias frente a los promedios históricos en varias regiones, condición que se podría intensificar durante el segundo semestre.
Las zonas más vulnerables serían la región Andina, el Caribe y parte del Pacífico, donde históricamente el fenómeno de El Niño ha ocasionado sequías, afectaciones en los cultivos y presión sobre los recursos hídricos.
Monitoreo y prevención:
Ghisliane Echeverry Prieto, directora del Ideam señaló que el monitoreo permanente del sistema climático permite anticiparse a estos escenarios y fortalecer la respuesta del país.
El instituto continuará vigilando variables como el comportamiento de los vientos alisios y la temperatura del océano. En caso de confirmarse el fenómeno, garantizan que se darán alertas tempranas para que los sectores productivos, especialmente el agropecuario, y las autoridades locales adelanten medidas preventivas frente a posibles afectaciones.
Fuente: Adaptado de CONtexto ganadero. Autora: Angie Barbosa.
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Las altas temperaturas ocasionadas por el fenómeno de El Niño afectan los suelos y con ello la producción agrícola y pecuaria. Siga estas recomendaciones que permiten afrontar esta problemática.
Actualmente Colombia está atravesando por una de las emergencias ambientales más intensas de los últimos años como consecuencia del Fenómeno de El Niño.
En diferentes regiones del país se han registrado temperaturas muy altas ocasionando conflagraciones que no solamente afectan los ecosistemas y todas las formas de vida que ahí habitan, sino también los suelos y los cultivos que son esenciales para la sostenibilidad alimentaria.
Para minimizar los efectos que se generan por las altas temperaturas, como las que están afectando a gran parte del país, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) recomienda a los productores agropecuarios, implementar prácticas diferentes a las habituales con el objeto de garantizar el cuidado de los suelos y el adecuado manejo de los cultivos.
Entre dichas medidas recomendadas están:
Aumentar la cantidad de materia orgánica, con el fin de mejorar la estructura, la aireación y el drenaje del suelo e incrementar su capacidad para retener agua y nutrientes.
Erradicar prácticas inadecuadas para el suelo que ponen en riesgo su protección y cuidado como la eliminación de cobertura vegetal y la quema del rastrojo. Esto afecta los microorganismos que contribuyen a recuperar la estructura del suelo y su capacidad productiva.
Fuente: Adaptado de CONtexto ganadero.
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La sequía es una inminente realidad para Colombia y el mundo como consecuencia del calentamiento global. Expertos indican cuál puede ser el sistema de riego ideal para hacer frente a estas temporadas en la agricultura.
Alrededor del mundo muchos países están sufriendo las graves consecuencias de la sequía, o lo que en Colombia se denomina, el Fenómeno de El Niño. Los efectos en dichas regiones del mundo han sido catastróficos tanto para los cultivos como para la salud y el bienestar de los animales, que hasta llegan a morir.
Los daños ocasionados por ese aumento de la temperatura en la agricultura alcanzan miles de millones de dólares en países como Estados Unidos, Argentina, India y en algunas regiones de Europa.
Todo esto se relaciona con la escasez de agua, que no solamente afecta a los cultivos, sino especialmente a los humanos, que son quienes requieren de los productos agrícolas para su alimentación.
En DW español, afirman que en Europa la temperatura ha aumentado 2 veces más rápido que la media mundial de los últimos 30 años.
En este medio dialogan con la cofundadora de World Weather Attribution, Friederike Otto, quien asegura que ahora se tienen básicamente todos los años olas muy fuertes de calor en grandes partes del continente. Vemos la disminución de las lluvias, por ejemplo, en el sur de África y en la región mediterránea, de modo que allí realmente se tiene un doble impacto del cambio climático: sobre el calor y la disponibilidad de agua.
Ante esta situación, la pregunta que se pueden hacer los productores agropecuarios es ¿cómo hacer frente o frenar la situación que está por llegar?
El director ejecutivo del Centro del Agua para Zonas Áridas y Semiáridas de América Latina y el caribe, Gabriel Mancilla Escobar, explica que el agua que disponemos debe ser muy eficiente en la forma de utilizarla. Esa eficiencia consiste en el uso del agua, riegos y tener cultivos rentables.
De acuerdo a la FAO, en América Latina y el Caribe solo el 39% del agua con la que regamos es utilizada por la planta, el resto se pierde, teniendo una importante brecha de eficiencia.
Esta es la razón por la que el sistema de riego por goteo se considera como una opción ahorradora, pues las mangueras cuelgan directamente sobre las plantas liberando pequeñas cantidades de agua. Este sistema, que es muy utilizado por los agricultores en Israel, ha permitido tener un proceso sostenible. Este sistema de riego ha permitido que las plantas no solamente se humedezcan en la superficie, sino también en la raíz, para ahorrar agua.
Ram Lisaey, director de Agronomía, Netafim de Israel, afirma que si se compara el riego por goteo en el arroz con el cultivo de arrozales, el ahorro de agua es de 75, 80, 65, dependiendo del cultivo y el clima. En cualquier caso, indica que una buena cifra aproximada es del 30%.
Actualmente es la opción más viable pues es la más estudiada, debido a que cada vez que hay un desarrollo de la tecnología de riego, también hay un incremento en el aumento del consumo de agua en agricultura.
Esto significa que es mejor invertir en un sistema asequible para pequeños productores como el por goteo, que en los grandes sistemas de riego que requieren de mayor consumo de agua, y claramente, de dinero.
Fuente:
Adaptado de CONtexto ganadero.
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En momentos de sequía y escasez, se ve amenazada la disponibilidad de alimento para el ganado, afectando su producción y salud. Para abordar este desafío, hay técnicas de conservación de forraje, como el ensilaje, la henificación y el henolaje.
Las épocas de sequía y escasez pueden afectar de manera grave la disponibilidad del alimento para el ganado, lo que puede tener impactos negativos en su salud y producción.
Para abordar esta situación, se han desarrollado diferentes técnicas de conservación de forraje, como el henolaje, la henificación y el ensilaje, que permiten a los ganaderos conservar una alimentación adecuada para sus animales durante todo el año.
La importancia de la conservación de alimentos:
Las temporadas de abundancia de forraje son cruciales para los ganaderos. Durante estos períodos, es esencial adoptar medidas para conservar los excedentes de alimento que permitirán mantener una adecuada alimentación para el ganado durante los períodos de baja producción. Aquí es cuando entran en juego las técnicas de conservación del forraje.
Estas técnicas buscan estabilizar las dietas de los bovinos al guardar comida sobrante en las épocas de alta producción para suministrarla en los momentos de baja producción.
La selección de la técnica de conservación depende de la producción y el tipo de forraje que se dispone en el hato. A continuación, una serie de técnicas extraidas del Manual Práctico de Ganderia de Fedegán.
Henificación: Conservando la nutrición:
La henificación es una de las más antiguas técnicas para conservar forraje. Consiste en disminuir la humedad del pasto antes de su almacenamiento.
El proceso de henificación transforma los pastos, que generalmente tienen una humedad entre 75% y 90% al momento de la cosecha, en un producto seco con humedad entre 12% y 20%. Esta técnica evita la fermentación y la putrefacción, garantizando la conservación segura del forraje.
Una ventaja significativa de esta técnica es que conserva el valor nutritivo del forraje, lo cual es esencial para una alimentación equilibrada. Sin embargo, es crucial tener en cuenta el grado de madurez del forraje al momento de realizar el proceso de henificación.
Ensilaje: Nutrición Controlada:
Es otra técnica de conservación de forraje. Está basado en un proceso de fermentación anaerobia.
Esta técnica permite regular la oferta para los animales de forma más controlada. Prácticamente se puede ensilar cualquier material vegetal utilizado en la alimentación de los animales como forrajes, tubérculos o frutas. Sin embargo, se recomienda utilizar materiales con altos contenidos de biomasa y carbohidratos para obtener óptimos resultados.
En el caso del ensilaje de gramíneas como el sorgo o el maíz, el momento ideal de cosecharlo es cuando el grano se encuentra en estado lechoso, mientras que en las leguminosas, el estado indicado es el de prefloración.
La calidad del silo puede medirse en términos de palatabilidad y consumo por los animales. Es fundamental mantener la anaerobiosis para garantizar el buen manejo del silo, ya que se requiere que el producto esté totalmente sellado y sin exposición al oxígeno.
Henolaje: Lo mejor de dos mundos:
El henolaje es una técnica que combina aspectos de la henificación y del ensilaje. Su característica distintiva es que varía entre el silo y el heno según el material conservado y la humedad con que se empaca.
Se utiliza principalmente para la conservación de forraje semiverde con humedad cercana al 50%. Es especialmente efectiva para conservar forrajes excedentarios producidos en épocas de abundancia. Permite el aprovechamiento de pasturas de alta calidad como la alfalfa, el kikuyo o los tréboles en trópico alto.
Si bien estas técnicas de conservación garantizan alimentación en épocas de baja producción, la calidad nutricional de sus productos resultantes no es superior a la de los forrajes frescos. La calidad nutricional del heno, silo o henolaje depende de la calidad del forraje fresco.
Fuente: Adaptado de CONtexto ganadero.
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El zootecnista Héctor de la Rosa, explica en diálogo con CONtexto ganadero cómo la elección de pastos adecuados tiene un papel fundamental en la adaptación y la mitigación de los efectos adversos del fenómeno de El Niño e indica cuáles son los más convenientes.
El Fenómeno de El Niño en Colombia.
Antes de adentrarnos en los pastos adecuados, es importante entender el impacto de El Niño en Colombia.
Este fenómeno climático se suele manifestar con la reduccipon de las precipitaciones pluviales, el aumento de las temperaturas y la disminución de los caudales de los ríos, lo que puede tener graves consecuencias en la agricultura y la ganadería.
La sequía prolongada y la escasez de agua pueden afectar la disponibilidad de pasto y la producción de forrajes para el ganado. Además, las temperaturas altas pueden ocasionar estrés térmico en los animales, disminuyendo su producción y afectando la calidad de la carne o la leche. Por ello, es esencial disponer de pastos resistentes a estas condiciones.
Pastos resistentes al estrés hídrico:
Para enfrentar los desafíos del fenómeno de El Niño en Colombia, es fundamental seleccionar pastos resistentes al estrés hídrico. A continuación, algunas recomendaciones del zootecnista:
Es una hierba perenne que se adapta bien a climas cálidos y secos. Este pasto tiene alta resistencia a las sequías y produce forraje de buena calidad para el ganado, aseguró de la Rosa. Se cultiva exitosamente en regiones de Colombia con escasez de agua.
Bermuda (Cynodon dactylon):
La grama bermuda es una resistente hierba que puede soportar sequías y altas temperaturas. Es apreciada por su capacidad de recuperarse rápidamente luego de periodos de estrés hídrico y mantener una producción constante de forraje.
Brachiaria (Género Brachiaria):
El género Brachiaria incluye varias especies de pastos ampliamente utilizados en Colombia. Según De La Rosa, este pasto tiene un sistema radicular que le permite tomar agua y nutrientes desde la profundidad del suelo. Por esto, tienen buena adaptación a climas tropicales y notable resistencia a las sequías.
Prácticas de manejo sostenible:
Además de seleccionar pastos adecuados resistentes al estrés hídrico, es fundamental establecer prácticas de manejo sostenible durante los episodios de El Niño. Algunas recomendaciones contemplan:
Rotación de pastoreo: Dividir el pasto en parcelas y que los animales pasten en un área a la vez, para la recuperación del pasto.
Riego eficiente: Utilizar sistemas de riego para garantizar que las pasturas reciban suficiente agua en los períodos secos.
Suplementación alimenticia: Proporcionar suplementos alimenticios durante la escasez del forraje para mantener la salud y productividad.
Monitoreo climático: Estar atentos a las condiciones del clima y a las alertas tempranas de El Niño para adoptar medidas preventivas.
Fuente: Adaptado de CONtexto ganadero.
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Más de 700 municipios tendrían consecuencias por el fenómeno de El Niño, de los cuales 72 tendrían déficit de lluvias por 5 trimestres en regiones como el Caribe.
El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, presentó el plan agropecuario ante la llegada del Fenómeno de El Niño con el propósito de estar preparados y tomar acciones preventivas. Para ello, se harán inversiones hasta por $566.370 millones hasta diciembre de 2023.
Este plan identificará los posibles impactos en las cadenas productivas y en las comunidades rurales dispersas ante El Niño.
La ministra Jhenifer Mojica manifestó que de todos los sectores de la economía nacional, evidentemente el 80% de las afectaciones serán en el sector agrícola. La sequía genera impacto en las cadenas pecuarias, como la ganadería, puesto que lo primero que se seca son los suelos, perdiéndose las pasturas y la provisión de alimentos para los animales.
Explicó que los efectos también llegan a los cultivos de ciclo corto, como frutas cereales y hortalizas. Detalló que del total de recursos previstos para el plan sectorial, la mitad se destinará a la inversión en acciones de preparación para la respuesta y la recuperación.
Gráfico LR
Hay 742 municipios en alerta.
El plan abarca un total de 742 municipios expuestos a efectos de El Niño, que implica un cuarto trimestre con déficit de lluvias en esas regiones. De ese total, 215 poblaciones tendrían 9 meses continuos de bajas precipitaciones, mientras que 72 presentarían hasta 15 meses con estas condiciones.
Los municipios se concentran especialmente en la Región Caribe, y hay alguna presencia en el suroccidente del país y el Magdalena Medio. La estrategia busca una preparación y acciones anticipatorias.
Aseguró la Ministra que desde el primer semestre, ese ministerio está haciendo procesos de información y divulgación sobre los buenos manejos que se deben tener ante El Niño e indicó que están trabajando en unas líneas de crédito especiales con el Banco Agrario y Finagro para mejorar la capacidad de resiliencia de cambio climático, técnicas que tengan mayor capacidad de resistir a estas sequías y disposición de riego interpredial.
Entre las acciones de anticipación están el acompañamiento técnico y la extensión agropecuaria por medio de todas las entidades del sector. Para el sector pecuario se realizó un fortalecimiento en temas de salud animal, mecanismos complementarios, vacunaciones, por si los efectos se extienden en el tiempo.
En la fase preparatoria se invirtieron $4.000 millones en diferentes acciones como entrega de semillas resistentes a las sequías, instalación de sistemas de almacenamiento de agua, adecuación de espacios para el almacenamiento de bloques nutricionales para ganado, así como campañas de vacunación.